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Llengua Valenciana
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Publicado en el suplemento de
El Mundo,
domingo 14 de noviembre de 2004, núm. 474.
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NO ES
el nombre de una música marchosa. Es el que se propuso para referirse al
catalán-valenciano-balear. La propuesta no cuajó, y el debate se encona |
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JUAN R. LODARES
Si consultamos los manuales de Filología Románica de más prestigio nos
enteraremos de que sólo hay una lengua, el catalán, repartida en dos grandes
áreas: la oriental y la occidental; las dos áreas se diferencian sólo
ligeramente, seas de la que seas te entenderás con quien sea de la otra.
Pues bien, una variedad, a su vez, que se ubica en la segunda área, la
occidental, y que se habla en el centro de Valencia, puede llamarse
valenciano, más bien como descripción geográfica que como lengua
diferenciada. Pero los manuales de filología no tienen en este asunto la
razón toda.
Muchos valencianos -conviene advertir, por cierto, que el 65% de los
habitantes de la CAV (Comunidad Autónoma de Valencia) se expresa
cotidianamente en español- opinan que el valenciano es lengua genuina y no
mera variedad regional. Y lo creen con tanta firmeza que les da igual lo que
diga el Instituto de Estudios Catalanes (al que consideran un entrometido) y
han hecho que el valenciano esté, hoy por hoy, reconocido por el Estado
español en el BOE con ese nombre. Y si está reconocido institucionalmente
como tal valenciano, ¿cómo convencer a la CAV de que allí no hablan lo que
muchos creen que hablan?
Cuando los miembros de la Real Academia Española se vieron en el trance de
definir la palabra valenciano, la definición quedó como sigue: «Variedad del
catalán, que se usa en gran parte del antiguo reino de Valencia y se siente
allí comúnmente como lengua propia». Definición sutil donde las haya: en su
primera parte, da la razón a la inmensa mayoría de los romanistas, que suele
hablar de catalán, sin más, como lengua una con sus razonables variedades
geográficas. Pero en la segunda parte de la definición aparecen los
«valencianistas», arropados por un epílogo exacto, inmejorable: el
valenciano se siente como lengua propia. ¡Sí señor! porque este caso no es
de ciencia sino que lo es de sentimiento.No es ésta del valenciano y el
catalán una cuestión de filología propiamente dicha, sino de política.
Y bien, hasta ahora sólo hemos citado al valenciano y al catalán, pero sin
salir de ese dominio lingüístico los hay que piensan, o mejor, sienten que
el balear, a su vez, tiene carácter de lengua, incluso que el mismo ibicenco
lo es. Sobre lo enconado de la disputa bastará con decir que, hace algunos
años, se propuso como nombre de la lengua el bonito invento cavabal, o sea,
catalán-valenciano-balear.No triunfó.
No estamos, pues, ante un problema lingüístico ni de nombres, sino ante algo
más sutil. Un caso que suele denominarse en lingüística la autodefinición.
¿Qué es la autodefinición? Brevemente: la experiencia nos muestra que hay
personas que, hablando variedades del mismo idioma, creen que hablan idiomas
distintos. Por el contrario, hay personas que hablando variedades
lingüísticas dispares creen que hablan el mismo idioma. Las primeras «se
autodefinen», las segundas se agrupan. Y el caso es que en la CAV hay muchas
personas que consideran que hablan valenciano y no catalán. Es decir, en la
CAV hay muchos autodefinidores. Muchísimos.
A veces, las lenguas y sus nombres existen en función de lo que sus
hablantes consideren. Para el padre de la Filología Románica, el alemán
Friedrich Diez (1794-1876), ni siquiera el catalán tenía entidad propia, era
una variedad sureña integrada en el occitano, una lengua de Francia de vieja
tradición literaria. |
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© Mundinteractivos, S.A |
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Un habitante de España dice coche, otro de Uruguay dice
auto, otro más de México dice carro pero todos, y así en 22 países
distintos, consideran que hablan español. El último movimiento autodefinidor
del que se tiene noticia sucedió en Argentina hacia 1940. Por aquellos años
de nacionalismo exaltado algunos se preguntaron si Argentina debía crear una
«lengua nacional» específica, es decir, el argentino. Aquello cesó sin dejar
rastro. El engendro, digo, la campaña publicitaria de la Junta de Andalucía
«Habla siempre en andaluz» no ha cuajado, probablemente porque el andaluz no
existe. En el dominio hispanohablante la conciencia autodefinidora es nula,
por fortuna. Es más, gana ahora renovada fuerza la conciencia opuesta, la
panhispánica.
Sin embargo, en el dominio valenciano-catalán-balear encontramos un rasgo
diferenciador más sicológico que lingüístico y, por lo tanto, más poderoso
que cualquier lección de filología: en la CAV hay movimientos
autodefinidores que piensan, sienten, creen e incluso demuestran
científicamente que allí se habla valenciano, cosa distinta del catalán. Ésa
es la cuestión: a veces hay lenguas distintas donde alguien cree que las
hay. Es posible que las altas instituciones del saber y los políticos
catalanes clamen por la unidad del dominio catalanohablante.Sin embargo,
mientras haya brotes autodefinidores en Valencia (que se sienten agraviados
con la mera mención de que hablan catalán) habrá lengua valenciana.
La pregunta de si el valenciano y el catalán son lenguas distintas requiere,
pues, otro planteamiento: cuánta fuerza tienen los autodefinidores
valencianos y cuánta los integradores catalanes.De la fuerza de unos u otros
dependerá que el valenciano sea lengua independiente o que la denominación
catalán -o algún otro nombre de compromiso, por ejemplo, catanciano,
llulliano, catalán/valenciano o el viejo cavabal- gane la partida. es profesor de la Universidad Autónoma de
Madrid y autor de Lengua y Patria (Ed. Taurus, Madrid, 2002).
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